Con toda seguridad.

Todo el mundo ha oído hablar del instinto. El instinto animal, el instinto básico, el instinto materno. Está claro que los pobladores de la Tierra, sean racionales o no, actúan muchas veces por instinto. Es esa acción y reacción que se ejecuta de manera mecánica sin necesidad de pensar o dar la orden cerebral de hacerlo. Se hace y punto. Seguramente se habrán escrito infinidad de libros sobre todo esto. Pero la cuestión es realmente si el único instinto que realmente nos mueve desde el inicio de todo solo es uno: la seguridad.

Necesitamos la seguridad para poder llevar a cabo nuestra vida. La seguridad va acompañada de la protección y la tranquilidad, las cuales son parte importante en la búsqueda de la felicidad. Nos ponemos un despertador todos los días para tener la seguridad de levantarnos cuando nos toca. Pagamos mensualmente las facturas de agua, luz y gas para tener la seguridad y tranquilidad de que vamos a tener luz, agua caliente y comida humeante. Nos compramos coches mejores para poder estar seguros de llegar a tiempo y poder salir ilesos en caso de accidente. Nos hacemos un seguro para que podamos tener la protección necesaria en caso de accidente. Nos alimentamos con alimentos que nos proveen de defensas para sentir la seguridad de estar sanos. Rezamos a dioses diversos para que tengamos la tranquilidad de que cualquier cosa que nos pase mientras vivimos es justificable a la voluntad de un ser divino que nos promete una vida no terrenal plena y completa. Hace millones de años corrimos a refugiarnos a las cuevas para tener la seguridad de resguardarnos de la lluvia, el frío y los animales.

Aunque en realidad, a mi entender, realmente lo que nos lleva ocurriendo desde el inicio de nuestra especie, es que llevamos fatal el hecho de que nos hayan sacado del vientre de nuestra madre. Ese es el inicio de todo, y por lo visto nos empeñamos en prolongarlo al precio que sea.

Cuando yo os diga, aplaudid, idiotas.

Uno va por la vida intentando entender cómo funciona esto de la sociedad, más que nada, para encontrar sentido a nuestra existencia. Pero esta tarea es agotadora. Cada vez que encuentro una razón, un montón más se me vuelven en contra. Por ejemplo, no entiendo la política. Partamos de la base de que el ser humano no es ecuánime por naturaleza, ni siquiera simétricamente, por lo que difícilmente pueda ser justo. La historia de la humanidad está llena de personajes que han actuado en beneficio propio abusando de su poder. Somos codiciosos desde que nacemos. Si a un bebé le quitas el pecho que está mamando, inevitablemente se pone a llorar. Somos así, no podemos hacer nada. Pues imaginen ahora que ese bebé tuviera que gobernar un país.

La política está unida a la percepción que la persona ha ido asumiendo a lo largo de su vida, así como la educación y moralidad con la que haya sido adiestrado y la situación personal de cada uno. Por lo que habiendo tantos factores diferentes, podrían haber infinitas posibilidades de resultados, es decir, infinitos partidos políticos. Pero no es así, ya que si miramos a nivel global qué tipos de ideologías hay, la cosa se reduce a unas pocas nada más. Esa poca cantidad de ideologías se reduce aún más si la llevas al contexto de un país en concreto, que a lo sumo puedan llegar a una cuarentena de opciones. De esa cuarentena probablemente hayan un buen número que partan del mismo ideario político, salvo con alguna diferencia de acepción o punto de vista -es lo mismo que con la religión- de la vida. Pues ahí tenemos, a unas pocas opciones políticas para más de 40 millones de personas. Y nosotros tan contentos de poder elegir. Qué ilusos.

El objetivo de la política no es el hacer las cosas de una u otra manera determinada, si no más bien conseguir convencer al personal de que no hay opción posible. La política ha sido y es símbolo de poder, y el poder es símbolo de codicia. Demasiadas similitudes. Por lo que en realidad, la diferencia ideológica no lo es tanta cuando se pone tanto empeño por llegar al mismo sitio. Y ese sitio es el poder mandar sobre los demás, el disponer de un nivel de vida lujoso y encerrarse en una burbuja para alejarse del virus de la realidad.

Y ahí están ellos, haciendo sus mítines y campañas para convencernos de que ellos son la verdad verdadera sobre todas las cosas, y que serán los que mejor te joderán durante los próximos cuatro años. Pero eso si, te regalan banderitas y camisetas. Tratar de convencer a tus seguidores de que te tienen que votar, es como tratar de convencer a tu familia de que eres miembro de ella.

                                                                                                    

Sangre, sudor y zapping.

El ser humano ha sido siempre una especie animal curiosa; Curiosa, invasiva, destructiva, egoísta y terriblemente insatisfecha. De esa insatisfacción nace la primitiva idea de ir siempre más allá. Toda meta, hito, punto o acto ha de ser irremediablemente superado por algo superior. Forma parte de la propia evolución que la humanidad se ha impuesto como modo de supervivencia. Sin ella, no podríamos contar con todos los adelantos y conocimientos de los que disponemos hoy día. Pero también la evolución tiene su parte negativa y de esa también nos ocupamos de llevarla a buen nivel.

Desde la aparición de los medios de comunicación y su implementación en la sociedad, hemos asistido a incesantes actos que nos van llevando cada día más y más lejos. Solo hay que leer la que lió el señor O. Welles con su retransmisión de La Guerra de los Mundos. Desde ese día hasta los nuestros hemos ido pasando límites que jamás se hubiera imaginado antes. Y lamentablemente, desde hace ya unos años esos límites se mueven en unas franjas de poca moralidad y decencia.

Hace pocos días, la cadena privada Telecinco emitía en su programa “La Noria” una entrevista a la madre de un presunto asesino Este hecho parece que hizo enfurecer días antes a un buen número de personas las cuales pretendían -mediante las redes sociales- boicotear la emisión del programa alegando una falta de escrúpulos por parte de la cadena.

Me hizo gracia ver invitaciones a eventos en Facebook para apagar la televisión durante la emisión del programa. No lo entiendo. ¿Acaso Telecinco se caracteriza alguna vez por tener sentido de la moralidad y de tener escrúpulos? Llevan años haciendo una televisión sensacionalista basada en la profundidad de la llaga de la sociedad española y en darle importancia a la vida de personas que están predispuestas a hacer lo que sea por dinero. O sea, que no comprendo porque ahora de repente aparecen estas protestas. Hemos tenido que llegar a pasar otra vez el límite de lo correcto y lo permitido para darnos cuenta de que es pueril ver este tipo de comportamiento. Pero no nos engañemos, a los productores ejecutivos y directivos de las cadenas televisivas les importa un carajo lo que pensemos. Nos dan lo que les pedimos, o más bien, nos dicen qué tenemos que pedirles.

Lo más desesperante de todo es el saber que seguramente dentro de poco volveremos a ver en cualquier cadena privada un hito en la historia de la televisión. Falta saber si se tratará de un asesinato en directo, o quizá de una entrevista al mismísimo Dios.

Yo estoy  convencido, pero no me hagas mucho caso.

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